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¡A esquiar en Chile! Portillo, el gran ‘crucero’ de los Andes

Perla Oropeza / Finsat

Fotos: Perla Oropeza

Los mexicanos prefieren ver hacia el norte, dice con tono de suave reproche Miguel Purcell, gerente general de Ski Portillo Chile, el famoso centro de esquí  localizado en la cordillera de los Andes, casi en la frontera con Argentina.

Y es que en estas instalaciones que operan desde hace más de medio siglo y reciben en promedio 400 huéspedes a la semana durante los cuatro meses de la temporada de nieve, la presencia mexicana es mínima.

Por eso, dice Purcell,  hemos estado tratando en los últimos años, con la corporación de turismo y los otros centros, de desarrollar un poco el nombre Ski Chile y ofrecerlo en mercados como el mexicano.

Indica que “el 25 por ciento de los huéspedes proviene de Estados Unidos, 25 por ciento de Brasil, 15 por ciento argentinos, 10 por ciento chilenos y el resto europeos y peruanos.”

En las 16 semanas en que opera como centro de esquí, Portillo recibe ocho mil visitas y 40 mil personas noche, para alcanzar una facturación de entre siete y nueve millones de dólares al año.

“Tenemos una muy buena ocupación, generalmente en julio, agosto y septiembre alcanzamos entre 90 y 100 por ciento. No tenemos más por factores climáticos, como el de que los caminos están cerrados algunos días.

“Sin embargo, en los extremos de la temporada,  en junio y a fines de septiembre, se nos cae la ocupación y tratamos siempre de mejorarla, pero hay otros factores como la nieve, puede que al inicio de la temporada o al fin de ella no tengamos. Cuesta más que la gente haga sus reservas con tiempo y definitivamente hay años en que no hay suficiente nieve.

Maquinaria aceitada

Uno de los momentos más difíciles para Portillo fue la crisis argentina de 2001. “Fue muy violento, bajamos de una temporada a otra de 40 por ciento de huéspedes argentinos a 5 por ciento. Buscar reemplazar ese mercado no fue fácil, tuvimos que hacer promociones acá en Chile, desarrollar un poco más el mercado nacional brasilero, norteamericano. Logramos al año siguiente una buena ocupación, pero con retornos más bajos, promociones y precios especiales. Fue doloroso, pero se ha ido superando y ahora representan 15 por ciento de la facturación.”

“Construir un centro como este requiere de una gran inversión y no siempre es tan rentable, a veces este negocio va más con el amor que con el dinero, porque son temporadas muy cortas, entre 12 y 16 semanas. Es una inversión muy grande. Un andarivel tiene un costo de un millón y medio de dólares, de ahí para arriba, hasta cuatro millones de dólares y tampoco hay muchos lugares donde hay buenas condiciones, donde no hay riesgo de avalancha, hay buena nieve durante muchos meses, hay una serie de requisitos que tiene que cumplir el lugar para ser un buen centro.”

Mantener funcionando las instalaciones de esquí, el servicio de comida y hotelería requiere de un ejército de empleados: 500, de los cuales 350 están involucrados en todo lo relativo a los deportes invernales.

Portillo es una maquinaria que debe aceitarse continuamente. “Todos los años invertimos en infraestructura, en reemplazada de rieles, entre 500 mil y un millón de dólares. Este año, dependiendo de los resultados, probablemente invirtamos 800 mil dólares. 

“En verano el hotel se ocupa para convenciones, trabajos de equipo de las empresas y creemos que nos hace falta algo de infraestructura para atender esas empresas, salas de juntas y un buen spa. Es necesario actualizar esa área que está un poco pobre.”

Gran crucero

La administración de Portillo ve a estas instalaciones como un gran crucero, de ahí que a sus huéspedes les llame pasajeros y a sus empleados tripulantes.

“En el año 1949, cuando se terminó el hotel, no había caminos de invierno, sólo el tren transandino,  tenía que ser un hotel totalmente autosuficiente, una especie de ciudad en la montaña, y en años no había comunicación con Santiago y con los Andes durante un mes. Había que tener suficiente abastecimiento y personal como para sobrevivir un mes. De ahí viene el que este sea una especie de barco crucero”, explica Purcell.

“Tenemos capacidad para 450 pasajeros. Dentro del hotel hay 123 habitaciones y en total 165, considerando lo de fuera. Las cabañas se arriendan por toda la temporada y están totalmente equipadas, con cocina y varias habitaciones, son para familias.

En los cuartos no hay televisores, “el concepto de Portillo es que la gente interactúe, que entre nuestros huéspedes se forme un buen ambiente y creemos que teniendo televisión en cada habitación va a transformar al hotel en otra cosa. Un poco la idea es que quien viene acá se olvide de los problemas cotidianos y entre en otro mundo. Es un poco nuestro principio y hasta aquí nos ha resultado bien. Hay mucha gente que no puede  vivir sin tv y no es para esto. Hay otros que están muy agradecidos de que sus vacaciones sean una experiencia y un pequeño descanso. Hay otros que no entienden eso.”

Al observar el paisaje nevado, con las montañas de los Tres Hermanos tocando el cielo y el sol bañando el lago helado, las pistas de esquí y las góndolas, surge la pregunta: ¿por qué no se ha dado un desarrollo inmobiliario paralelo en esta privilegiada zona de esquí?

“Portillo ha tenido muy buenos resultados con este esquema, de un hotel que no desarrolla la parte inmobiliaria, sino que tenemos que preocuparnos de la hotelería y de tener buen esquí. Hasta aquí va bien y esperamos seguir de esa forma, que sea un lugar más exclusivo para los huéspedes del hotel. Si usted ve, no hay mucha gente que viene acá durante el día a esquiar. Estamos enfocados a un hotel de buen servicio y aquí le damos prioridad a los pasajeros, no hay filas en los andariveles, poca gente esquiando. Creemos que la experiencia de nuestros huéspedes es buena, buen esquí, buen servicio, lo que pedimos la mayoría de las personas que vamos de vacaciones.”

“Es lo que hace a Portillo un lugar especial, si quisiéramos sólo dinero, habríamos desarrollado esto desde la parte inmobiliaria y sería otra cosa, un centro común y corriente, lo que somos nos separa un poco del resto de los destinos. Hay muchas formas de enfocar el negocio.”

“Aquí ha funcionado bien, ha sido un negocio relativamente rentable. En esta ápoca hay que tratar de distinguirse por algo y nosotros tratamos de distinguirnos por servicio, por un trato personalizado. Hay otros centros que son más grandes, que tienen otras condiciones, nosotros no nos enfocamos en ese lado.

De iniciativa estatal a negocio familiar

Con el fin de desarrollar el turismo en las distintas zonas de Chile, el gobierno desarrolló algunos hoteles en los extremos del país. En Portillo comenzó la construcción en 1942 y  terminó en 1949. Posteriormente fue vendido a distintos grupos, hasta que finalmente lo adquirió Paul Purcell en 1961. Desde esa fecha se ha mantenido en manos de la misma familia y en 2001 Henry Purcell, después de 45 años al frente de la administración,  cedió a su hijo el timón del barco.

No se debe perder

No es necesario ser un experto para esquiar en Portillo. Ahí  le enseñarán las bases del deporte. Jesús Puente, miembro del equipo de élite de demostración de España y con más de 25 años de experiencia como instructor de esquí, coordina el trabajo de 35 instructores..

Nadar en la alberca o disfrutar el jacuzzi al aire libre de Portillo es una experiencia única. El agua caliente mantiene la temperatura del cuerpo mientras se disfruta de un paisaje completamente nevado.

Ubicación y costo

Este centro turístico se encuentra a dos horas en auto de la capital chilena, por el camino internacional que une Santiago con la ciudad de Mendoza, Argentina.

La estancia cuesta de 600 a  cuatro mil dólares por semana, dependiendo de la calidad de la habitación y de la época. Hay un tarifario por tres temporadas con diferentes precios. Las de 600 dólares son habitaciones con literas y baños comunes y están orientadas más bien a los jóvenes, pero en temporada baja cuestan 490 dólares y en la media 540 a la semana. Incluye siete noches de alojamiento, siete días de esquí, cuatro comidas por día y acceso a todas las instalaciones.

Estadísticas:

Desnivel vertical:762 metros

Pista más larga: 2,456 metros

Altura ubicación hotel: 2,880

Promedio caída de nieve: 7.4 metros

Distancia desde Santiago: 160 kilómetros

Pronóstico de buen tiempo: 80% días de sol.

Superficie esquiable: 1,235 acres

Andariveles: 13

Paseo por Montevideo, días de nostalgia y pasión

“Las ciudades son libros que se leen con los pies.”

Emilio Frugoni, escritor y político uruguayo

Perla Oropeza / El Financiero 

Fotos: Perla Oropeza

Sede del carnaval con mayor duración del mundo, que por tres meses llena las calles de la ciudad con máscaras, baile  y diversión, Montevideo es también capital del tango, la milonga y el candombe, con sus historias cargadas de nostalgia, pasión y soledad.

En el estuario del río de la Plata convergen todos esos sentimientos y se mezclan en los 22 kilómetros de playas de fina arena blanca que dan a esta urbe un brillo especial, así como con las ramblas que recorren su línea costera y que parecen no tener fin.

Para los mexicanos, diez horas de vuelo hasta esta ciudad puede parecer demasiado, pero lo que se encuentra aquí compensa con creces el largo viaje. Y por si fuera poco, está a la mano Punta del Este, uno de los destinos de playa con más atractivos del continente.

Uruguay natural, es el eslogan con que se promueve el turismo en este país, y lo cierto es que además de ser un lugar donde su magnífica naturaleza es propicia para practicar deportes tan disímbolos como el surf, futbol, rugby playero, buceo,  pesca y golf,  también se respira cultura y una alta calidad de vida.

Con su estilo desenfadado, los montevideanos suelen ser al mismo tiempo cálidosy alegres, apasionados por el futbol y aficionados al mate. La mayoría descendientes de migrantes españoles e italianos, han sabido apreciar las aportaciones culturales de otro grupo separado de sus raíces, la población negra, que con su música ha fortalecido la identidad uruguaya.

En Montevideo confluyen diversos tipos de arquitectura, todos de origen europeo. Casonas y palacios se ven aquí y allá, tanto como jardines y esculturas. Y si Pocitos es el barrio más habitado de la ciudad, Carrasco es la zona residencial más exclusiva, donde las casas, con grandes construcciones, albercas y jardines, cuestan no menos de un millón de dólares.

En la Ciudad Vieja conviven pasado y presente. Junto a la antigua puerta de su desaparecida muralla, en el paseo peatonal Sarandí, el visitante encuentra galerías, tiendas de antigüedades, libros y artesanías, donde destacan por supuesto las elaboradas con piel y cuero y los recipientes para preparar y tomar el mate, la bebida favorita de los uruguayos.

El Mercado del Puerto es el sitio emblemático para disfrutar de una deliciosa parrillada y tomar el Medio y Medio, una mezcla de espumante y vino blanco, en un ambiente típicamente montevideano.

Museo del carnaval

En una ciudad donde el carnaval acapara la atención durante tres meses al año, un museo sobre esta gran fiesta era más que inevitable. Al entrar a este gran galerón, ubicado a unos pasos del Mercado del Puerto, los visitantes se encuentran con una muestra del ambiente de máscaras, maquillaje, disfraces y música que llenan las principales calles de Montevideo al ritmo del candombe, aportación de la población negra a estas festividades. Completan el espectáculo parodistas, humoristas, compañías de negros y lubolos, así como las murgas, verdaderos grupo de artistas que al ritmo del bombo, el platillo y el redoblante, presentan espectáculos musicales cargados de sátira política y crítica social.  En 1857 se celebró el primer gran baile de carnaval en el Teatro Solís, pero hay referencias históricas que ubican sus inicios a finales del siglo XVIII.

Museo del Gaucho y de la Moneda

En un deslumbrante edificio de arquitectura ecléctica, construido a fines del siglo XIX, se exhibe la historia del gaucho, personaje legendario que sobrevive en las inmensas zonas rurales donde abunda el ganado y no hay propiedad privada.  Jinete, cazador, hombre libre, mezcla elementos europeos como el caballo y la guitarra, con legados indígenas, como las boleadoras, el mate y el poncho. Este palacete también exhibe una importante colección de billetes, monedas y medallas.

De compras

Avenida 18 de Julio. [Perla Oropeza]

El centro comercial Punta Carretas es lugar ideal para las compras. En sus instalaciones, más de 200 locales se reparten en tres niveles. Tiene plaza de comidas, diez salas de cine y teatro.

A lo largo de la Avenida 18 de Julio hay una gran variedad de tiendas, además de que recorrerla resulta un agradable paseo en el que es posible admirar maravillas arquitectónicas, como los palacios Salvo  y Rinaldi, en la Plaza Independencia. Puede hacer una parada en la Plaza Cagancha, para visitar el mercado de los artesanos.

OTROS SITIOS DE INTERÉS

— El Milongón. Cena show, con ritmos de candombe, tango, milonga y folclore

–Teatro Solís. Con 150 años de vida, es el teatro en actividad más antiguo de América Latina.

— Museo del Futbol. Para los verdaderos fanáticos. Está ubicado bajo la tribuna olímpica del Estadio Centenario, considerado monumento histórico del balompié mundial.

— Casa del Vino. Exhibición y venta de vinos uruguayos.

— Café Bar Tabaré,  en Punta Carretas, es un pintoresco bar, al estilo de principios del siglo pasado. Su variada y deliciosa comida, combinada con una amplia oferta de vinos, atrae a uruguayos y extranjeros, lo que le da una atmósfera cosmopolita.

Más información:

www.uruguaynatural.com

www.montevideo.gub.uy

¿SABÍAS QUE…?

Montevideo es el acrónimo de Monte VI de Este a Oeste, desde el Atlántico hasta el río Uruguay, que fue como lo describieron los europeos a su llegada.

 

 

Dallas, arte, gastronomía y compras al estilo texano

 

  • Visite el Museo desde el sitio donde Oswald disparó a Kennedy.
  • La ciudad con más centros comerciales per cápita de EU.
Perla Oropeza / Finsat

En Dallas todo es en grande; hoteles, museos, parques y centros comerciales tienen como norma la amplitud de espacios y la variedad de oferta.

Considerado el destino turístico número uno de Texas, tiene alrededor de 160 museos, galerías y atracciones artísticas, y más restaurantes per cápita que Nueva York.

Si bien en su propuesta culinaria predominan la agridulce comida texana y los platillos mexicanos, con generosas raciones y buen sabor, igual se puede encontrar cocina de prácticamente todos los lugares del mundo.

Aquí se ubica el distrito artístico urbano más grande de Estados Unidos, creado en 1983, donde en 17 manzanas se reúnen instituciones y espacios culturales, como el Museo de Arte de Dallas y el Centro de Escultura Nasher, en el que se exhiben al aire libre, rodeadas de jardines, obras de Rodin, Picasso, Matisse y otros grandes creadores del siglo XX.

Los cuatro pisos del Museo de Arte de Dallas, fundado en 1903, son un muestrario de más de 20 mil piezas de todo el mundo y diferentes épocas. En uno de sus pabellones, desde el 12 de febrero, se presenta la exposición Señores de la creación: los orígenes del reino sagrado maya, que permanecerá abierta hasta el 7 de mayo.

Se trata de una muestra de aproximadamente 150 objetos provenientes de México, Guatemala, Belice y Honduras, de los años 400 a 550, que incluyen esculturas monumentales en piedra, cerámica, figuras y joyas talladas en jade, huesos y conchas.

Otra de sus salas se ha convertido en una villa del Mediterráneo francés, llamada La Pausa, donde los potentados estadounidenses Wendy y Emery Reves coleccionaron durante el siglo pasado innumerables objetos y obras de artistas como Manet, Renoir, Van Gogh, Monet, Cézane y Toulousse-Loutrec, que ahora forman parte del patrimonio del museo.

Los admiradores de Vincent van Gogh tendrán la oportunidad de ver, de octubre próximo a enero de 2007, una exposición dedicada a su obra, con unos 20 trabajos del artista y otros tantos de sus contemporáneos.

El Museo del Sexto Piso de Plaza Dealey, desde donde se perpetró el asesinato de John F. Keneddy (viernes 22 de noviembre de 1963), se ha convertido en un atractivo turístico de la ciudad, a la que muchos visitan para conocer de primera mano el lugar que dio origen a la tragedia.

Ahí, en el sexto piso de la otrora bodega de libros escolares, se conserva la ventana desde la cual se hicieron los disparos y se mantiene como un nicho la esquina exacta donde el asesino colocó algunas cajas para recargar su rifle.

Al observar por las ventanas, puede ubicarse el sitio por el que circuló aquel mediodía de otoño el mandatario estadounidense, y sentir entonces el ambiente de conspiración.

Videos del momento del atentado, fotografías y grabaciones de radio, dan cuenta del estado de confusión de todos los que vieron caer a su presidente mientras avanzaba en la limusina descapotada por la calle Elm.

Es entonces cuando aparece en escena Oswald, quien posteriormente muere tras ser atacado por un tal Jack Ruby, mientras estaba rodeado de policías. El museo, por supuesto, no ignora las innumerables hipótesis sobre el magnicidio, desde la autoría cubana -últimamente revivida-, el complot desde oficinas gubernamentales hasta la acción de grupos radicales de ultraderecha y supremacía blanca. Pero lejos de apoyar una u otra, se ofrecen los argumentos a favor y en contra de cada una.

En el séptimo piso del edificio se observan los acontecimientos desde el punto de vista de los reporteros que fueron testigos del atentado.

Otro atractivo es el Fair Park, donde cada año se realiza la Feria Estatal de Texas, que alberga en sus 112 hectáreas diversos escenarios artísticos y nueve museos, en sí mismos una exposición del estilo art deco que predominó en la arquitectura de los años treinta.

El museo de American Air Lines, el CR Smith, es también punto de visita obligado para conocer la historia de esta aerolínea y observar uno de los DC3 con los que se hicieron los primeros vuelos comerciales.

Si de compras se trata, Dallas es la ciudad que tiene más centros comerciales per cápita en EU. Highland Park Village, North Park Center y Grapevine Mills son algunos de los que no se puede perder ningún apasionado del shopping.

También, por qué no, es posible dar un tour por la propiedad en donde se filmó Dallas, la famosa teleserie de los años ochenta, el Southfork Ranch, en el cual se puede degustar barbacoa al estilo texano.

ALTA TECNOLOGÍA

Ubicada en la región de Praderas y Lagos del estado de Texas, Dallas es el centro financiero y banquero más grande del sureste de Estados Unidos. En la zona que conforma con Forth Worth se ubican cerca de cinco mil empresas manufactureras y su gran actividad industrial se concentra en sectores como la alta tecnología, telecomunicaciones y electrónica, área en la que ocupan el segundo lugar, por lo que se conoce como «La Pradera del Silicón».

TERRITORIO DE MIGRANTES

La zona metropolitana, conocida como Metroplex y conformada por Dallas, Forth Worth y diversas poblaciones aledañas, alberga a 5.5 millones de residentes, lo que la convierte en la más grande de Texas y la novena de la Unión Americana. Se calcula que hay más de 1.5 millones de habitantes de origen hispano, el grupo étnico que mayor crecimiento ha tenido en los últimos cinco años. En Dallas, un cuarto de la población es de procedencia hispana, y 60 por ciento, unas 500 mil personas, son de origen mexicano.

Nueva York en invierno, una delicia

Perla Oropeza / Finsat

Fotos: Perla Oropeza.

¿Quién dijo frío? Nueva York vive en esta época temperaturas bajo cero, pero su febril actividad no decae y, mientras la nieve se apodera paulatinamente de calles y parques, los rascacielos, marquesinas y anuncios publicitarios dan un abigarrado esplendor y calidez a la urbe.

El corazón de Manhattan nunca duerme. Teatros, cafeterías y tiendas permanecen abiertos hasta muy avanzada la noche, que en estos días comienza a las cinco de la tarde.

Foto: Perla Oropeza.

Podrá desplomarse el termómetro en Nueva York, pero siempre hay algo que hacer y ver. Equipados con ropa térmica, un buen abrigo, gorro, bufanda, guantes y un par de botas cómodas, los turistas pueden disfrutar de largos paseos por las grandes avenidas de la llamada gran manzana.

Broadway y la Quinta Avenida representan, cada una a su modo, lo que es esta metrópoli. En la primera, los teatros con las mejores obras de Estados Unidos, una gran variedad de restaurantes y de centros de diversión de todos los signos y estilos, organismos financieros y, por supuesto, tiendas, muchas tiendas.

En la Quinta Avenida no sólo están las boutiques, galerías y almacenes llenos de glamour que la convierten en la calle comercial más cara del mundo, sino también el Empire State, que con la tragedia del 11/S recuperó su lugar como el edificio más alto de la metrópoli; la catedral de San Patricio, que a pesar de su estilo gótico encaja a la perfección con el paisaje, y la llamada milla de museos, entre los que destacan el Metropolitano de Arte y el Guggenheim. A sólo unos pasos de esta avenida, se ubica el Museo de Arte Moderno, que en su 75 aniversario luce completamente renovado y alberga en sus salas más de 100 mil obras de arte de autores tan diversos como Picasso, Matisse, Salvador Dalí, Andy Warhol y Jackson Pollock. La entrada cuesta 20 dólares y los viernes, de cuatro de la tarde a ocho de la noche, el acceso es gratuito.

En Rockefeller Center se alza el famoso árbol navideño, un abeto de 25 metros de altura que carga con 30 mil luces de colores. Abajo, decenas de personas patinan sobre la pista de hielo que también es una tradición en el lugar. La historia del majestuoso árbol se remonta a la época de la gran depresión, cuando un grupo de obreros decidió colocar uno como símbolo de esperanza en aquellos momentos de crisis.

Si hay una ciudad que merezca el calificativo de cosmopolita, ésta es sin duda Nueva York, donde se escuchan los más variados lenguajes y todas las culturas se celebran. Para quien no habla inglés, nada resulta complicado. En hoteles, restaurantes, tiendas y cualquier esquina hay gente que habla español y que está dispuesta a ayudar a los turistas. Además, con la ordenada distribución de las vialidades es difícil perderse. En Manhattan las calles comunican al este y el oeste y las avenidas, al norte y sur. Hay sólo algunas diagonales, como Broadway, que reina sobre Nueva York como ninguna otra, con sus miles de anuncios luminosos y que en su intersección con la Séptima Avenida, ofrece a los visitantes la famosa Times Square, donde los neoyorquinos se reúnen el 31 de diciembre para dar la cuenta regresiva al año que empieza.

Quienes visitan por primera vez la ciudad, pueden recurrir a los turibuses, que por tarifas de 49 a 99 dólares por persona ofrecen recorridos diurnos y nocturnos por los más importantes sitios turísticos, durante dos o tres días, además de que incluyen pases para el museo de cera Madame Tussauds, el observatorio del Empire State o el ferry que lleva a la famosa estatua de la Libertad. Aquí es difícil no mantener la mirada al cielo. Los rascacielos, imponentes, encandilan con sus luces por la noche y parecen tocar el cielo durante el día. Subir al edificio más alto de la ciudad es una experiencia que no puede perderse, aunque también está la opción de disfrutar de la vista desde lo alto del Rockefeller Center.

En materia culinaria, Nueva York refrenda su cosmopolitismo. Todas las cocinas del mundo se reúnen y dificultan al visitante la elección. Pero hay opciones para todos los gustos y bolsillos: no por nada ésta es la capital mundial de la comida rápida.

Mientras se cuenta con la luz del día, un paseo por Central Park es quizá la forma más sencilla de comprender un poco la magia de la urbe de acero. Los árboles cubiertos de nieve, las ardillas corriendo de un lugar a otro, gente de todas la razas y culturas caminando sin prisa, apresurados mujeres y hombres de negocios con portafolios y elegantemente vestidos, vagos y menesterosos, niños patinando o corriendo, todo, dentro de una especie de oasis que no rompe con el entorno, sino que permite un respiro.

Zona cero

El único lugar que sigue provocando silencio es la llamada zona cero, donde estaban las Torres Gemelas derribadas el 11 de septiembre de 2001 y al que los visitantes observan, todavía conmocionados por todo lo que significó no sólo para los neoyorquinos, sino para todo el mundo: largos días de terror.