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La conmovedora ‘Ruta de la abolición de la esclavitud en Francia’

Perla Oropeza / El Financiero

Las huellas están ahí, en los muros y en las puertas. Cuentan historias, construyen leyendas, pero sobre todo permiten recuperar, para que nadie la olvide, una de las rutas más importantes de la humanidad: la de la abolición de la esclavitud.

El viajero puede tomar como punto de partida Besançon, una romántica ciudad situada al noreste de Francia, a dos horas en tren desde París.

Su centro histórico, rodeado por el río Doubs y extensas zonas boscosas, tiene marcada en su arquitectura una larga historia, que comienza con la Puerta Negra, un arco del triunfo construido en el año 175 después de Cristo en honor del emperador Marco Aurelio, durante la época del dominio romano.

Casas y palacios son un muestrario de estilos y materiales, predominando las líneas renacentistas y las piedras características de la región, de tonalidades ocre, azul y blanco.

Sin embargo, la Ciudadela, obra de Vauban, afamado arquitecto militar de la corte de Luis XIV, es el principal atractivo de esta ciudad de 120 mil habitantes, capital de la región Franche Comté.

Construida entre 1668 y 1688 sobre 11 hectáreas, esta fortificación se levanta a más de cien metros sobre la vieja villa, lo que le permite tener una vista panorámica de Besançon y sus alrededores.

La gastronomía francesa, que ocupa un lugar muy importante en el mundo entero, aquí se disfruta de forma singular, ya sea en alguno de sus restaurantes terrestres como Le Grand Café del Casino Barrière, donde además hay música en vivo, o en el Chaland, instalado a bordo de un yate en las orillas del río.

Besançon tiene todo: galerías, tiendas y mercados tradicionales; museos, parques y centros de diversión. Para los audaces, la oportunidad de disfrutar de actividades como el parapente, kayak y espeleología a unos cuantos kilómetros de la ciudad.

Castillo de Joux

Ubicado en el macizo montañoso de Jura, el castillo de Joux muestra al visitante sus más de mil años de historia, en los que por su importancia estratégica se convirtió en sitio de batallas que inician desde la alta edad media y concluyen en 1940, con una resistencia de ocho días al ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Hay pruebas de su existencia desde 1034, cuando logró su prosperidad gracias a que se encontraba en la única vía comercial entre la parte norte de Italia y el resto de Europa.

Desde 1690 hasta 1815 fue utilizado como prisión de estado, y ahí es donde su historia se entrelaza con la ruta de la abolición de la esclavitud, pues se convirtió en la cárcel y tumba de Toussaint Louverture, el líder de la rebelión que habría de conducir a la fundación de Haití.

Con la promesa de llegar a acuerdos de paz y amnistía, Louverture es apresado y llevado a esta fortaleza, donde advierte a sus captores: “Al hacerme caer, ustedes sólo derrumbaron el tronco del árbol de la libertad de los negros, volverá a crecer por las raíces, porque ellas son profundas y numerosas”.

Hoy en día, la cárcel de Toussaint Louverture se volvió un lugar frecuentado por unos 70 mil visitantes al año, que rinden homenaje a quien es considerado el primer representante del poder negro.

Museo de la Negritud

Tras abandonar el majestuoso castillo de Joux, la siguiente parada es el modesto pueblo rural de Champagney, donde en 1789 se registró la primera condena formal a la trata de negros.

Sus habitantes, conmovidos por el relato de un viajero que había presenciado en las colonias el trato cruel a los esclavos, resolvieron pedir al entonces rey Luis XVI el fin de esta práctica.

“Los pobladores de Champagney no pueden pensar en los dolores que padecen los negros en las colonias. No pueden imaginar ni aceptar que se pueda consumir productos de dichas colonias sin olvidar que fueron cubiertas por la sangre de sus semejantes. Tienen miedo de que las generaciones futuras, más educadas y filósofas, acusen a los franceses de este siglo de haber sido antropófagos”, expusieron en el Libro de Quejas.

Si se considera que los champagneses en ese entonces estaban agobiados por una difícil condición económica y sólo conocían a los negros por el cuadro de La Adoración de los Reyes Magos que colgaba de uno de los muros de la iglesia local, resulta todavía más sorprendente esta declaración.

Por eso se decidió abrir aquí la Casa de la Negritud, un museo que da testimonio de la crueldad del tráfico de esclavos con la representación de un barco negrero y la exposición de artefactos y cadenas con los que se castigaba a los cautivos.

También es un espacio para reflexionar sobre el enriquecimiento económico de los países poderosos a costa del sufrimiento de millones de personas.

Casa de Shoelcher

Puede parecer un accidente el que se haya elegido Fessenheim como la sede de un museo dedicado a Víctor Shoelcher, sobre todo porque él no nació ni vivió en ese pequeño pueblo alsaciano, ubicado a sólo un kilómetro de la frontera alemana.

Sin embargo, la asociación “Amigos de Shoelcher” seleccionó cuidadosamente el sitio, porque es el lugar de origen de su padre, un famoso y próspero fabricante de porcelana, que llevó sus productos a todo el mundo.

En la búsqueda de los prometedores mercados de América para su empresa familiar, Víctor Shoelcher viajó por las colonias francesas y Cuba, donde quedó fuertemente marcado tras observar las condiciones en que eran tratados los esclavos.

Él, un alto burgués riquísimo, decidió entonces dedicar todos sus recursos a combatir el trato negrero y demandar la abolición de la esclavitud.

Ahora, en esa casa, se pueden observar, entre numerosos objetos propiedad de Shoelcher, las valiosas porcelanas que se convirtieron también en parte de esta ruta por la libertad.

Abate Grégoire

A pesar de ser un poblado de apenas 200 habitantes, Emberménil puede enorgullecerse de ser el lugar de origen del abate Grégoire, que de ser un modesto cura de su parroquia, se convirtió en una de las principales figuras en la búsqueda de la emancipación de los negros.

Tuvo un papel clave en la redacción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y se le puede atribuir la paternidad del primer artículo: “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”.

Defensor de los negros, fue el protector de la joven república de Haití: desde 1800 mantuvo correspondencia para ayudar a Toussaint de Louverture y en 1812 fue invitado por el rey Christophe.

En el pequeño museo de Emberménil se muestran ejemplos de su voluminosa obra escrita, que incluye algunas ediciones originales fechadas en los años de la Revolución.

 

La ruta

Entre los siglos XV y XIX decenas de millones de personas fueron capturadas en diferentes regiones de África, deportadas a América y convertidas en esclavos en las condiciones más ominosas y degradantes que puede tolerar un ser humano.

Portugal, Gran Bretaña, España y Francia fueron los principales impulsores de este tráfico, que por su duración y amplitud provocó profundas transformaciones y daños irreversibles en pueblos enteros.

Y si la trata negrera fue durante casi 400 años base del desarrollo económico del sistema colonial, el proceso de la abolición de la esclavitud tomó casi un siglo, en el que tanto movimientos revolucionarios como iniciativas individuales habrían de mover las conciencias del mundo.

En 1994, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lanzó un proyecto para recuperar la memoria de éste que fue uno de los episodios más dramáticos de la historia de la humanidad.

Una de sus vertientes consiste en promover el turismo cultural en los sitios donde hay huellas materiales del comercio negrero trasatlántico, la esclavitud y la lucha por su abolición.

Es en este contexto que se enmarca la “Ruta de la abolición de la esclavitud y los derechos humanos”, que abarca cuatro sitios ubicados al noreste de Francia: la Casa de la Negritud de Champagney, el Castillo de Joux en Pontarlier, la Casa de Víctor Shoelcher en Fessenheim y la Casa del abad Grégoire en Emberménil.

Se trata del único circuito organizado con recursos financieros de los gobiernos de municipios, ministerios y el gobierno francés, con el apoyo de la UNESCO, además de contar con el respaldo promocional de Maison de la France y otras organizaciones en todo el mundo.

Más información: www.abolitions.org

www.franceguide.com